Tras la creación del moderno estado de Israel, en 1948, y después de siglos de considerar a los países árabes como su hogar, miles de judíos debieron escapar de los pogroms y el antisemitismo, dejando también atrás una pérdida material multimillonaria. Foto: Zoltan Kruger/GPO
Así lo señala una serie de reportes preparados por la organización Justicia para los Judíos de los Países Árabes (JJAC, por Justice for Jews from Arab Countries) en ocasión de una nueva reunión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra.
Una tragedia humana, que también tiene un costo económico
Los detallados informes repasan otro costado de la tragedia humana que asoló a los judíos de Argelia, Egipto, Irán, Irak, Líbano, Libia, Marruecos, Siria, Túnez y Yemen, quienes tuvieron que emigrar en masa empujados por la ola de antisemitismo.
Antes de 1948, vivía en esos países alrededor de un millón de judíos, en su gran mayoría integrados a las sociedades y las economías locales. Hoy, son apenas 12.000.
En el costado económico, las cifras también son contundentes: los expertos de JJAC calcularon las pérdidas de propiedad en 263.000 millones de dólares, en valores ajustados al 2024. Los mayores golpes se registraron en Irán (61.000 millones de dólares), Egipto (59.000 millones) e Irak (34.000 millones).
“Mientras el Medio Oriente se enfrenta a una realidad cada vez más compleja y frágil, y el llamado mundial a la justicia y la paz se hace más fuerte, es hora de reconocer la historia de todos los pueblos de la región”, señala el informe citado por el diario Israel Hayom.
Memoria, justicia y reparación
Con el trasfondo de la guerra en Gaza y los reclamos de los grupos pro-palestinos, la organización remarcó que no hay que olvidarse de “las comunidades judías que vivieron en Medio Oriente y el norte de África durante miles de años”, ya que solo así se podrá construir un verdadero puente hacia la reconciliación y la paz.
El informe subraya que “la historia de las comunidades judías” en la región es la de una minoría perseguida, desarraigada de sus países de origen, que sufrió inmensas pérdidas en bienes personales (casas, negocios, posesiones), además de bienes comunitarios como sinagogas, escuelas, cementerios y tesoros culturales.
A mediados del 2019, la entonces ministra israelí de Igualdad Social, Gila Gamliel, dijo que el gobierno analizaba elevar por primera vez un reclamo formal de reparación económica para los judíos expulsados. La cifra presentada por Gamliel estaba en sintonía con los números de JJAC: unos 250.000 millones de dólares.
Uno de los presidentes de la organización, el rabino Elie Abadie, apuntó que la magnitud de las pérdidas sufridas por las comunidades judías “es enorme y prácticamente no recibió reconocimiento en el discurso internacional sobre los refugiados en Medio Oriente”.
“Solo a través de la verdad, la justicia y el reconocimiento mutuo podrán los pueblos de la región avanzar hacia un futuro de dignidad y paz sostenible”, afirmó Sylvain Abitbol, dirigente de JJAC, evocando el espíritu de los Acuerdos de Abraham.